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sábado, 31 de mayo de 2014

Wolfenstein: The New Order



Hay juegos que salen al mercado llenos de expectativa, ya sea por traer nuevas propuestas o por tratar de revitalizar una de las sagas más antiguas y queridas por los fans de los videojuegos. Éste es el caso de Wolfenstein TNO. No es una tarea fácil cargar con esa responsabilidad y dar en el clavo, pero Bethesda lo ha hecho. Con este nuevo Wolfenstein nos ha regalado una experiencia nueva pero clásica a la vez, teniendo todos los elementos de los antiguos juegos de la saga pero remozándolos para que tengamos la sensación de estar jugando algo nuevo. La sensación es increíblemente dulce y satisfactoria.


El nuevo juego de ID Software nos pone a las puertas de un mundo alternativo en el que los nazis han ganado la 2ª Guerra Mundial y han impartido el III Reich por doquier. Y lo consiguieron robando una super tecnología a un grupo de inventores, gracias a la cual lograron robots y armas a siglos de diferencia de las que los Estados Unidos usaron contra ellos. Ahora, todos los que no son de raza Aria es esclavizado o eliminado en enromes campos de concentración repartidos por el planeta y solo un reducido grupo de resistencia será capaz de acabar con ellos y restaurar el equilibrio.



Nosotros controlamos a Blaskovitch, el soldado que ya prestó sus fuerzas con anterioridad en los juegos anteriores, y no ha perdido ni un ápice de sus capacidades. Como buen shooter clásico, para recuperar vida no bastará con escondernos y esperar, ya que la regeneración es parcial. Así, nos dejaremos la piel en cada tiroteo y luego sudaremos para encontrar piezas de blindaje y botiquines para prepararnos para la siguiente refriega. Y cuando digo que nos dejaremos la piel, me refiero a que la I.A es una de las mejores que visto en bastante tiempo. Los nazis se cubre, nos rodean, tiran granadas y las devuelven si las lanzamos nosotros, no aparecen dos veces por el mismo sitio y esquivan las balas como si de los elegidos de Matrix se trataran.


Esto dota al juego de un gran desafío a la hora de recorrer los niveles, pues nunca sabes cuando te impactará un misil lanzado por un enemigo acorazado, y será vital elegir bien las armas y saber conservar cierta munición por si acaso aparece ese robot gigante blindado que tantos problemas nos suele dar.
La cantidad de armas es bastante destacable, y lo mejor es que según la época en la que nos encontremos o el lugar, serán diferentes aunque sean el mismo tipo de arma. No es lo mismo un rifle de los nazis que uno de la resistencia, y lo mismo pasa con las escopetas o las pistolas.


Gráficamente, Wolfenstein se torna un producto agridulce. En ningún momento quiero decir que se trate de un juego con malos gráficos, pero tiene detalles muy buenos por otros que no se explican a estas alturas.
Las caras de los personajes están a un nivel muy alto y lo mismo ocurre con los efectos de luz y partículas, aunque hay texturas en paredes o paneles que se muestran excesivamente borrosas en las versiones de PS3/Xbox360, mejorando un poco en las versiones de nueva generación, pero que aun así no tienen el nivel que deberían.


Pero eso pierde toda la importancia cuando nos encontramos un juego enormemente divertido y desafiante. Además es rejugable, y no solo por la gran cantidad de secretos que se reparten por cada misión, sino por la posibilidad de elegir entre dos de nuestros amigos. Uno de ellos se dejará la piel y el otro nos acompañará durante todo el juego, con lo cual siempre nos estaremos preguntando qué hubiese pasado si en lugar de uno, estuviese el otro a nuestro lado, ya que sus personalidades son muy diferentes.


Wolfenstein The New Order es un shooter altamente recomendable si te gusta el género o si fuiste de los que invirtió horas en el original. Sin duda te sentirás como si lo jugases de nuevo pero realzado con la tecnología actual. Apoyándose en unos buenos personajes y villanos y en un sistema de juego clásico pero a la vez nuevo y divertido, es seguro que si empiezas, no pararás hasta saber qué le ocurrirá al bueno de Blaskovitch al final de su cruzada para detener el holocausto nazi.


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